Autor: Álvaro Rojas Salazar

Goodfellas

No vivíamos en el mismo barrio, tampoco nos encontramos en París o en Madrid, no íbamos al mismo colegio, ni siquiera estudiábamos la misma carrera universitaria. Eso sí, puntuales, a las nueve de la noche, íbamos llegando por los bares de la Calle de la Amargura, La Villa de Tilín, La Maga de los Dota o Las ventanas de aquel francés cuyo nombre se me ha olvidado; el punto de encuentro cualquier mesa, cervezas y conversaciones infinitas que espantaban la soledad y estimulaban el entendimiento. 

La libertad de Siberia

Tal vez esta sea la trampa de Dostoyevski, quien nos hace sentir compasión por un monstruo, a quien presenta como un hombre sensible que con humor y amor nos lleva de la mano a recorrer el infierno, la pestífera atmósfera de una cárcel inclemente, el tedio, los tiempos muertos, el frío glacial, el hospital, el resentimiento de clase experimentado entre los presidiarios pobres y los nobles, el odio empozado, las riñas a puñal, los castigos ejemplarizantes y salvajes.

Soldado fronterizo

Soy un hombre de hábitos fijos. Si un libro me gusta busco otros del mismo autor; con algunos novelistas y con dos o tres filósofos me pasó que agoté todo lo que ellos publicaron. Nunca había visto una película de Bergman, sabía de su nombre, claro, su fama.