…tensa la cítara de Dios la voz, en la danza del fornicio…

Gonzalo Rojas

…la sacudida del diafragma suele ofrecerle al pensamiento mejores oportunidades que la del alma.

Walter Benjamin

Y así como nuestra alma, que es aire, dice [Anaxímenes], nos mantiene unidos, de la misma manera el viento y aliento (πνεῦμα [pneuma]) envuelve a todo el cosmos.

Aecio

La letra A requiere una apertura de la cavidad bucal de manera tal que el centro de cada labio se separe verticalmente  la mayor distancia posible de su contraparte. La lengua descansa sobre el suelo de la cavidad, mientras las cuerdas vocales vibran.

La letra B demanda una clausura de los labios, seguida por una contracción de las mejillas. Este último movimiento hace que el aire dentro de la cavidad disminuya su volumen, aumentando así la presión. Dicha presión se aprovecha para desplazar el aire hacia los labios y provocar así una explosión que haga colapsar la clausura.

La letra C posee dos variantes: una suave y una fuerte. La suave se logra manteniendo la boca levemente abierta y la lengua con su punta descansando sobre el suelo de la cavidad y ejerciendo presión sobre los dos dientes frontales de la fila inferior, lo cual hace que su parte media se eleve y entre en contacto con el techo de la cavidad. Luego se procede a soplar desde dentro. La configuración de la lengua crea una menor área de paso para el flujo de aire, lo cual le da una mayor rapidez y, por tanto, un sonido siseante. La variante fuerte se obtiene también con la boca levemente abierta. Mediante un espasmo retráctil de la lengua en dirección hacia las cuerdas vocales, el aire expulsado pasa por un espacio tan estrecho que el sonido resultante es contundente y percutivo.

La letra D se emite presionando la punta de la lengua en el techo de la cavidad, ejerciendo presión sobre los dos dientes delanteros de la fila superior. Los costados de la lengua deben ejercer presión sobre los dientes circundantes, para conformar una subcavidad cerrada. Al expulsar el aire, el aumento en su presión hace colapsar la clausura, generando así un sonido explosivo.

La letra E requiere una apertura de la boca, de manera tal que los puntos de intersección de los labios (los extremos laterales) se distancien lo más que se pueda. Para lograr esto, es preciso efectuar un movimiento retráctil de las mejillas. Una vez dispuesta la boca así, se procede con el vibrado de las cuerdas vocales.

La letra F se logra hincando los dientes frontales sobre el reverso del labio inferior. La lengua debe descansar sobre el suelo de la cavidad para encausar el aire que sale desde los sacos pulmonares hacia los dientes. Esto provocará una acumulación de aire en la cavidad y, consecuentemente, un aumento en la presión en el recinto. La diferencia de magnitud que se genera a un lado y otro de la barrera dental hará que la masa neumática busque desplazarse desde la región de mayor presión hacia una de menor presión, quedando así como única vía de paso la grieta entre los dientes frontales. Al tratarse de un pasaje con un área tan estrecha, el aire saldrá con mayor rapidez y provocando un sonido caudaloso y compacto.

La letra G posee dos variantes: una suave y una fuerte. La variante suave se logra abriendo levemente la boca y relajando el músculo lingüístico sobre el suelo de la cavidad bucal. El relajamiento del sistema le da una holgura tal al flujo de aire que provoca un hálito igualmente relajado. La variante fuerte se logra de manera similar a la variante fuerte de la letra C, pero presionando la base de la lengua con menos fuerza contra las cuerdas y prolongando un poco más la duración de la expulsión de aire.

La letra H se supone muda, sin embargo, acá puede darse un malentendido. Cuando la H se dice muda, lo que se quiere decir es que el sonido de la letra siguiente toma preeminencia por encima del leve hálito que supone la pronunciación de la H. Pero esto no hace que la letra H sea silenciosa. La letra H no es silencio. Bataille señala que la palabra ‘silencio’ traiciona su sentido, pues proferirla rompe aquello que nombra, pero ¿se puede lograr tal cosa como el silencio? La letra H muestra que el silencio es acaso un imposible. Se supone que el sonido de esta letra es el extremo silencioso del alfabeto, pero, si atendemos a su producción oral, observamos que aquello que interpretamos como la supresión del sonido no es sino una disminución limítrofe del acto suspiratorio. Mientras otras configuraciones del aparato vocal trabajan tensando los elementos del conjunto para que el aire expulsado de los sacos pulmonares produzca sonidos bruscos (como ocurre con las versiones fuertes de la C o la G), la H se logra ampliando los volúmenes del conjunto. La H trabaja reduciendo el coeficiente de acto y aumentando el coeficiente de actividad (Cfr. Cuadernos de Otoya). Es precisamente por esto último que la letra sucesiva a la H toma preeminencia en la pronunciación. El fondo de actividad que es la H le permite a la letra sucesiva donarse como acto. Actividad y acto operan a contrapelo. Debe recalcarse la importancia de emplear acá estrictamente los conceptos actividad y acto o, de lo contrario, podría colarse ilegítimamente la noción (aristotélica) de potencia. La H no es sonido en potencia. El aire no deja de fluir por el conducto gutural mientras se pronuncia la H. La masa neumática se expande por la cavidad bucal aumentando levemente la temperatura allí. No hay suspensión alguna del movimiento, ni tampoco del sonido. Quizá precisamente por esto el silencio nos intriga y atrae al punto de hipostasiarlo: porque allí donde lo creemos presente solo se nos revela su ausencia. Si la palabra ‘silencio’ traiciona su propio sentido, la H lo aniquila. La H no es el sonido en potencia, sino la potencia del sonido.

La letra I demanda una contracción del labio inferior, tratando de preservar el labio superior relajado, todo mientras se expulsa el aire.

La letra J se logra con la misma configuración del conjunto necesaria para la letra H, pero con una expulsión de aire más cuantiosa y acelerada.

La letra K se logra de la misma manera que la versión fuerte de la letra C, pero con un poco más de fuerza a la hora de hacer chocar el aire con la base del músculo lingüístico.

La letra L requiere del ascenso de la lengua al cielo de la cavidad. A diferencia de la letra D, no hace falta presionar la punta de la lengua contra los dientes. Lo que sí debe procurarse es lograr que la mayor extensión posible de la cara superior de la lengua entre en contacto con el cielo de la cavidad. Esto último obliga al aire expulsado a escapar por debajo de la lengua y hacia sus costados.

La letra M se produce mediante una clausura completa de los labios, de modo tal que el aire escape por las fosas nasales.

La letra N necesita del contacto de la punta de la lengua con el cielo de la cavidad, mientras se expulsa el aire por las fosas nasales.

La letra Ñ demanda, más que un trabajo bucal, uno facial. Para esta letra debe levantarse el labio superior, para lo cual es preciso tensar los músculos faciales adyacentes a los costados de la nariz. Al hacer esto, las fosas nasales empiezan a adquirir un mayor alineamiento con el plano horizontal que con el vertical y el cuerpo de la nariz se arruga. Asimismo, aparecen dos arrugas diagonales a cada lado del rostro: una que corre desde la carúncula del ojo hacia la mejilla y otra desde la aleta nasal también hacia la mejilla. El levantamiento del labio expone los dientes. La suma de estas deformaciones le da al rostro una mueca feroz, sin embargo, el sonido nasal que se produce tras la descarga de aire le otorga a la letra Ñ un tono carnavalesco. La letra Ñ carga tanto con violencia como con risa. Además, su carácter de mueca nos hace replantear la exclusión que hace Aristóteles de la mueca del ámbito de la palabra y la inteligencia. En el libro VIII de su Política, Aristóteles condena la enseñanza de la flauta, primero, por ser un instrumento de carácter orgiástico (y no ético) y, segundo, porque su ejecución impide servirse de la palabra. Poco después, el autor trae a colación el mito según el cual Atenea tiró la flauta y comenta que quizá esto se haya debido al hecho de que el instrumento deformaba su rostro, pero luego dice que lo más probable fue porque la flauta en nada contribuye al cultivo de la inteligencia. Refugiándose en la diosa, Aristóteles excluye toda posibilidad de que la mueca participe de la palabra/inteligencia (λόγος [logos]). Para él, la carne torciéndose nunca podrá culminar en discurso. Por eso en la Retórica el cuerpo aparece o como palabra o como ejemplo de belleza limitado al ámbito atlético. El único momento en que el cuerpo parece cobrar valor en el discurso es cuanto llama al entimema “el cuerpo de la prueba” (σῶμα τῆς πίστεως [soma tes pisteos]). Para Aristóteles, el verdadero cuerpo de la retórica no es ni el de lo dicho ni el de quien dice, sino el del silogismo. Pero la letra Ñ le devuelve la dignidad al cuerpo y su mueca, su lugar en el habla inteligente. Cuando la Ñ se produce con fuerza, la tensión de los músculos faciales no solo arrastra consigo a la nariz y al labio, sino que también provoca un sobresalto en los hombros. Es una letra que arrastra a todo el cuerpo al campo de las letras.

La letra O se produce contrayendo ambos labios de forma simultánea y llevándolos hacia el frente mientras se evacúa el aire. Esta es la única letra cuya grafía presenta una semejanza con la disposición del conjunto vocal. En la o, la escritura es correlativa al cuerpo.

La letra Q se obtiene con la misma disposición del conjunto que la variante fuerte de la letra C, pero con la diferencia de que la expulsión de aire no es simultánea al desplazamiento retráctil de la lengua, sino posterior.

La letra R posee dos variantes, pero, a diferencia de las otras dos letras con dos variantes, en este caso la variación responde a factores culturales. La primera variante es la forma de pronunciar la R que más puede escucharse en los territorios de habla hispana. Su sonido es quizá el que demande de una mayor complejidad del conjunto, pues lo que se busca es producir un movimiento oscilatorio de la alta frecuencia en la punta de la lengua. La operación requiere simultáneamente de una rigidización de la parte posterior del músculo lingüístico y un relajamiento de su punta. Se efectúa un movimiento retráctil en la parte posterior, acompañado de un direccionamiento de la punta hacia los dos dientes frontales superiores. Ahora bien, a diferencia de las letras D y L, en este caso la punta no debe ejercer mayor presión sobre los dientes. El objetivo de esto último es que, cuando se ejecuta la expulsión de aire de los sacos pulmonares, este atraviese el conducto formado por la lengua y el cielo de la cavidad hasta que choque con la punta de la lengua. Al tener la punta del músculo lingüístico relajada, el caudal de aire lo pondrá a oscilar percutivamente de arriba hacia abajo. Claro está, ello solo puede lograrse con un flujo de aire consistente. Por su parte, la segunda variante es aquella practicada en Costa Rica. Acá la R puede llegar a asemejarse a la R anglosajona, aunque no es del todo idéntica. El acomodo del conjunto es muy similar al de la primera variante, pero se diferencia de ella en que se omite la operación de poner a vibrar la punta de la lengua. El caudal de aire termina atravesando un pequeño orificio de salida y produciendo un sonido más cercano al silbido al inicio y al zumbido inmediatamente después. Aquí puede observarse muy claramente cómo un mismo conjunto puede producir dos resultados disímiles en función de la tasa a la cual fluya la materia (en este caso, el aire). La distribución energética del sistema deviene tanto información fonética (el sonido) como cultural (la identidad, el acento), cargando así al resultado con más significatividad que la estrictamente utilitaria. Se muestra, además, cómo materia y forma no son los fundamentos de una cosa, sino que a estas dos categorías les precede una operación energética en el seno de un conjunto, como ya bien lo supo identificar Simondon. Extensivamente, la cultura no es el Espíritu que invade e informa al colectivo de cuerpos, sino que se trata del esfuerzo sostenido en el tiempo de un colectivo de cuerpos por regular y modular el reparto y ensamblaje de sus energías. La identidad cultural no es más que una media estadística de las prácticas que un colectivo de cuerpos ejecuta para dosificar la transformación de sus energías. Todo lo que exceda o defecte dicha media se trata como extranjería.

La letra S se obtiene con la misma configuración que la variante suave de la letra C, pero empleando un mayor caudal de aire.

La letra T se logra con la misma configuración que la letra D, pero ejerciendo una mayor presión de la lengua sobre el cielo de la cavidad bucal y expulsando una masa de aire más concentrada. Con ello se obtiene un sonido más contundente. Además, la letra D se pronuncia por un tiempo más prolongado que la letra T. Esta última posee una existencia más abreviada, pero más explosiva. Estamos acá en presencia del binomio fuerza-vida y su relación de inversa proporcionalidad (Cfr. Cuadernos de Monteverde, específicamente el Adendum sobre el moho).

La letra U demanda una configuración del conjunto similar a la de la letra O, con la diferencia de que los labios se acercan un tanto más. La otra variación que presenta la letra U respecto de la O concierne a la tensión con que vibran las cuerdas vocales. En este caso, es preciso aumentar dicha tensión, para lo cual debe procederse a una contracción del conducto gutural.

La letra V se obtiene con la misma configuración que la letra F, pero aumentando la presión con que los dos dientes frontales se hincan sobre el reverso del labio inferior. El resultado es un zumbido.

La letra W, si bien no suele considerarse silenciosa, presenta una situación similar a la letra H en el sentido de que su pronunciación es mucho menos preeminente que la de la letra posterior. El sonido de la W se obtiene similarmente al de la letra U, pero reduciendo al mínimo la tensión de las cuerdas vocales. Lo que se obtiene es así una leve expulsión de aire más perceptible por tacto que por el oído. Basta pronunciar la letra W frente a la palma de la mano para notar que se trata de una letra más háptica que acústica.

La letra X posee dos variantes: una suave y una fuerte. La variante suave se logra con la misma configuración que la letra S, pero empleando un mayor caudal de aire para obtener un sonido más siseante. La variante fuerte puede considerarse una sucesión de la letra K y la letra S, aunque el sonido se produce tan rápidamente que quizá sea mejor considerar a la letra X como una producción simultánea. Con la letra X queda claro cómo la sucesión no es más que la simultaneidad interpretada dentro de una escala compuesta por unidades de menor magnitud que el evento. Si grabásemos en cámara lenta la variable fuerte de la letra X pensaríamos que, fuera de ser un átomo lingüístico, esta letra es más bien una molécula lingüística. Pero en el habla la X existe con derecho propio, al igual que el resto de letras las consideramos atómicas aun cuando una grabación en cámara lenta nos revelase diversos momentos de sus pronunciaciones. Al pronunciar cada letra, los acomodos de los elementos del conjunto vocal y los trasiegos de aire acontecen simultáneamente y cooperan para la producción del sonido. Los movimientos de los labios, la lengua, los dientes y las cuerdas vocales no causan la expulsión de aire de los sacos pulmonares ni viceversa. La causalidad no es más que la simultaneidad vista en retrospectiva.

La letra Y se produce con una configuración similar a la de la letra C en su variante suave o la de la letra S. Con un movimiento retráctil del músculo lingüístico, la punta de la lengua debe descansar sobre el suelo de la cavidad bucal, distanciándose lo más que se pueda de los dientes frontales de la fila inferior. Asimismo, la parte media de la lengua debe alzarse hasta tocar el cielo de la cavidad. Esta posición hace que el músculo lingüístico funcione como una pantalla que clausura parcialmente la cavidad. Las pequeñas aperturas que se obtienen hacen que el aire expulsado desde los sacos pulmonares produzcan un sonido tanto siseante como de zumbido.

La letra Z se obtiene haciendo que la punta de la lengua entre en contacto con el canto de los dientes frontales de la fila superior. Ambos elementos deben tocarse con una presión mínima, pues el aire expulsado debe escapar con suavidad de la línea de contacto producida. El caudal de aire provoca que se forme una leve hondura en la parte central de la lengua, lo cual, junto con la ranura entre los dientes frontales de la fila superior, facilita la adecuada salida de la masa neumática al exterior. Aunque quizá hablar de un exterior no sea lo más acertado. El aire que se expulsa desde los sacos pulmonares no difiere de aquel presente en el medio (atmosférico) donde ese aire que es cada letra y palabra termina alojándose y, más aún, propagándose. La continuidad neumática que va desde los alveolos hasta la Línea de Kármán evidencia que el cuerpo humano no es la frontera entre un sujeto y el mundo, sino que se trata tan solo de un aparato modulador de las energías neumáticas: una máquina ontológica de Anaxímenes donde el aire se condensa y rareface. Más localmente, el aparato de fonación (boca, dientes, lengua, garganta) es el lugar donde el aire se pliega y deviene letra, palabra, comunicación: es la operación que informa el πνεῦμα en λόγος.

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