En el patio brilla blanco el lugar otoñal.
Desde el borde del tejado caen sombras fantásticas.
En las ventanas vacías reside un silencio;
luego aparecen silenciosamente las ratas desde abajo
Y se apresuran silbando de aquí para allá
Y un horrible rastro de algo fétido
Les sigue desde el retrete
Que el resplandor fantasmal de la luna estremece
Y discuten en una avaricia lunática
Y llenan la casa y los graneros
Que están llenos de frutas y granos
Vientos helados gimen en la oscuridad.
Georg Trakl, Las Ratas
En 1746, un alemán encontró, en su molino, un total de 18 ratas entrelazadas entre sí a causa de la sangre, los excrementos y la suciedad reseca que se impregna en los rabos al coexistir en nidos estrechos. Fue el primero de muchos otros avistamientos idénticos. Esta especie de conjunto animal tiene la capacidad de existir como un organismo unitario con múltiples individualidades. Dicho fenómeno se conoce con el nombre de «rey de las ratas», y aunque su origen sea un objeto debatido, ilustra un tema de antiquísima discusión en la filosofía: dicho a la griega, me refiero al problema de lo uno [ἕν] y lo múltiple [πολλά], o de la totalidad [πᾶν], representando una catástrofe para la mereología —i.e., la teoría del todo y las partes—, pues, al aproximarse a la lógica de las ratas que propone Nick Land a través de Trakl, se encuentra uno con el hallazgo de que estos roedores, marginados por propagar núcleos de plaga como la peste bubónica, son en realidad una potencia anti-histórica de infestación muy adecuada para discutir la noción de «ensamblaje» [Gefüge] en tanto estructura fundamental con la que Heidegger enfrenta la idea de «sistema», dominante en el pensamiento moderno.
La solución de la filosofía moderna a este problema, se recordará con la Crítica de la razón pura, reposa en asociar, muy en sintonía con el gesto ptolemaico de la contra-revolución kantiana, «la unidad de los múltiples conocimientos bajo una idea» (A832, B860) a «esquemas» producidos en el entendimiento (A833, B861). Sin embargo, para Heidegger, en un primer momento, la pregunta por el todo se encuentra estrechamente ligada con el acabamiento de la onto-teología, y así con el fin del concepto de «sistema». En los Beiträge, o Aportes a la filosofía, se explaya: «la época de los ‘sistemas’ en la filosofía ha pasado». La arquitectónica de Kant, bien se comprende, guarda estrecha relación con un intento de pensamiento sistemático, por lo que desde esta perspectiva falla en resolver la cuestión.
Heidegger cree que esta idea moderna aparece entre un pensar aún no sistemático y un pensar ya no sistemático. En su lugar, propone un significado asistemático —pero no por eso arbitrario, ni confuso—, con el cual formular el rigor de la «libertad del ensamblamiento de sus ensambles». Efectivamente, la noción de «ensamblaje» [Gefüge] aparece en el segundo período de este filósofo, y se relaciona directamente con el Ereignis, nombre impropio del «ser» [Seyn] en el pensamiento heideggeriano. Éste ensambla la diversidad de sus respectivos temas en la totalidad articulada de un movimiento unitario. Así pues, las partes ensambladas, o «ajustes» [Fügungen], no tienen fundamento en la cognición humana, toda vez que en lugar de la apercepción kantiana (A117), es la «fuga» [Fuge] la responsable de la «unidad esencial» que determina la respectiva esenciación [Wesung] del ensamblamiento. En otras palabras: «se intenta decir cada vez lo mismo sobre lo mismo, pero respectivamente desde otro ámbito esencial de lo que el Ereignis nombra».
El todo ensamblado en la unidad esencial es el todo del pensar histórico del Seyn fundado en la fuga del Ereignis. No obstante, a pesar de su auténtica innovación en el panorama filosófico contemporáneo, el cual dejaba cada vez más atrás la metafísica esencialista de la tradición dogmática —heideggerianamente extendida hasta Kant, e incluso Hegel—, la filosofía acontecimental no se logró desprender de las cadenas subjetivistas, nombrando al sujeto de otros modos, dígase Dasein, en el caso de Heidegger; o adveniente, en el caso de Claude Romano. La querella sobre este pensamiento orientado al acontecimiento reposa en que, aún cuando estas teorías poseen un alto grado de contingencia alética, la meditación sobre el a-bismo [Der Grund grundel als Ab-grund] repite el «pase de baile» de los modernos y, a pesar de proponer un fundamento ausente —necesariamente imposible—, el sujeto sigue estando presente en su ausencia, así que no estamos frente a una cancelación del ámbito trascendental de la doctrina crítica. Por lo tanto, aunque susodicha «esenciación» no sea producto o reflejo de una entidad suprema, la dinámica misma del enfoque abismal exige que un testigo se haga presente, de manera retroactiva, para acabar el proceso interminable del Ereignis o sus diversas modificaciones («carne», «donación», o cuanta herejía husserliana quepa).
Lo anterior nos devuelve al enfoque kantiano de la sensibilidad, los conceptos y la necesaria estructura que el entendimiento debe otorgarles, mediante esquematismos categóricos, para que el mundo adquiera inteligibilidad, pues de otra manera, todo lo que no cabe bajo el registro de la conciencia, simplemente estaría no-siendo hasta el momento en que una mente humana esté capacitada para atestiguar los hechos. Por otro lado, Trakl decidió, no pocas veces, dirigir su análisis poético de la realidad mediante mecanismos inhumanos. Su poema «Die Ratten» es un gran ejemplo de ello, y cabe notar que, a pesar de la gran devoción de Heidegger por el austríaco, llamándole incluso «el profeta de Occidente», nunca mencionó estos versos.
Más allá de indagar los motivos precisos de esta omisión, tomaré en cuenta el análisis realizado por Land en su escrito «Spirit and Teeth», parte de la colección Fanged Noumena, con el objetivo de ofrecer una imagen inhumana de la totalidad como ensamblaje, ilustrada mediante el rey de las ratas. En el último apartado, dedicado a estos animales, el polémico filósofo inglés —periodista actualmente en Shanghai— explora la idea de encontrar en ellas un antagonista de la pureza, la civilización y, en resumen, de la filosofía como interioridad. Se hace referencia al poema de Trakl, donde se destaca la capacidad de las ratas para infestar, llegando al punto de considerar esa especie como una forma de alta traición contra la humanidad. Precisamente, lo que interesa «es el espantoso talento de las ratas para descomponer las interioridades de lo que las beneficia; abriendo la ‘casa del padre’ podrida por el incesto, y con ella los recovecos más intensamente cargados de la escritura de Trakl, a las depredaciones de una alteridad salvaje».
¿Por qué Heidegger no menciona este «soberbio poema» de Trakl? Land insinúa un elemento que acaso descompone el edificio del pensar histórico del Seyn, a saber, el anti-historicismo positivo de las ratas. Cuando percibimos el ruido provocado por estas criaturas, proveniente usualmente del subsuelo, puede que, sin saberlo, estemos constatando una conspiración llena de misantropía animal, ya que, al fin de cuentas, cualquier otro organismo con conciencia debería sentir repulsión por nuestra especie. Por ese motivo, el filósofo francés Michel Serres en The Parasite describe a las ratas como individuos siempre al acecho, ausentes en su ausencia, esperando el mínimo descuido para atacar sigilosamente. La concepción de lo inhumano radica en algo que no simplemente le sucede al humano: también lo precede y subtiende. El ruido de las ratas es todo a la vez: post-, pre- y sub-. De tal modo, aunque indiferente a la percepción humana, la domesticación del ser ha recibido, y puede seguir recibiendo, impactos de gravedad por parte del poder de la «jerarquía dinámica de vectores movilizados» con la que Land identifica a estos roedores, los cuales, por la «intensidad pura de potencial desastre» y su «destructibilidad casi ilimitada» merecen ser despreciados por una filosofía todavía antropocentrista como la heideggeriana.
Empero, Trakl, Land y Serres parecen compartir un punto decisivo que les otorga un nuevo estatuto óntico-ontológico: no hay tal cosa como una sola unidad de la rata. Si trasladamos el enunciado a una crítica del concepto de representación unitaria, entonces el rey de las ratas puede resultar paradójico para la definición de ensamblaje. En el enjambre de ratas, la diferenciación sólo puede ocurrir como «diferenciación dentro de una serie ilimitada, [una] disimilitud alógica, [una] proliferación indiscriminada de no-identidad» (Fanged Noumena), apoyando la idea de una totalidad que repugne la simple desagregación y la agregación de las partes del ensamblado. La animalidad carece de estado, sustancia o género en cualquiera de sus sentidos —por lo tanto, no hay «esenciación» en ella—, conteniendo un espacio complejo atravesado por una pluralidad de inconstantes que parece inaccesible a la razón humana. El funcionamiento del Rattenkönig, carente de cualquier «yo» o identidad personal, impresiona por su altruismo al ego. Así pues, la anti-historicidad y asistematicidad de las ratas permite presentar una objeción al concepto de totalidad desde la perspectiva de Trakl, quien exclama, luego de declararse enemigo de la humanidad: «Soy toda la infestación en la historia».
*La imagen obedece a la portada del álbum Rattenkönig (Ordealis Records, 2005) de la banda francesa de black metal Mütiilation.




