En Poor Things (Pobres Criaturas), la nueva película del reconocido director griego Yorgos Lanthimos, se combinan muchos conceptos extraños y, como es tradicional en su filmografía, ideas que chocan y se ensamblan de maneras impensables. Podría usar la expresión “dadaísta” para pensar en el estilo de ideas que se encuentran en Lanthimos de manera arbitraria, para generar un resultado “absurdo”, aunque en este caso la absurdez no significa que se carezca de belleza o de alguna lógica particular. No se trata de contradicciones, sino de vertientes que nunca han sido pensadas, o imaginadas o, en última instancia, visibilizadas.
Su nuevo filme podría realmente denominarse una oda a la anatomía, es decir, a la exploración de los cuerpos y sus partes, y hasta podría decirse que el mundo y la vida se conciben como un cuerpo, un ser vivo que también puede ser explorado, sentido y hasta diseccionado para conocer el fin último de cada una de sus partes.
El filme se ambienta inicialmente en el seno de un laboratorio donde un padre/científico loco trae al mundo a una hija/criatura de la manera más extraña posible: “reinstalando” un cerebro de un ser no-nacido en el cuerpo fallecido de su propia madre. Ya de entrada sabemos que esto implica que estamos en un mundo de ciencia ficción, y, por lo tanto, debemos aceptar el pacto ficcional si queremos continuar entendiendo el resto de eventos.
La naturaleza de esta nueva criatura-mujer es la primera idea provocadora del filme que, a pesar de todo, parece más bien querer dilapidar cualquier defensa de la idealidad y, por el contrario, hace una defensa absoluta de la materialidad del mundo; el mundo es un cuerpo, y para conocerlo debemos explorarlo, abrirlo, cortarlo, desarmarlo, construirlo, modificarlo.
No se trata de que el nuevo cuerpo de Bella Baxter (interpretada lúdicamente por Emma Stone), “contenga una mente”, y por lo tanto “contenga a otra persona”, como algunas críticas al filme han sugerido. Por el contrario, es el nuevo cerebro, como órgano que es, que se incorpora e integra progresivamente al cuerpo, y es esa totalidad corporal la que intenta reconocer y recorrer el mundo nuevamente con su nuevo “repuesto” neuronal. Para muchas personas esta noción no será comprensible mientras se mantenga en pie la famosa dicotomía mente-cuerpo, resabio del saber cartesiano, que sigue haciendo creer a muchos de que de alguna manera, la vida, el ser, la persona misma, se reduce a lo que sucede dentro de su cerebro. Es por eso que es plausible, aunque vetusto, pensar que en Bella Baxter hay una “niña” dentro del cuerpo de una mujer, pero solo asumiendo el prejuicio de que el “verdadero ser” de Bella es lo que está “adentro”, y de que todos los seres humanos, en tanto sujetos, existimos “dentro” de nuestros cuerpos (cuerpos que no serían más que simples “envoltorios”, “recipientes” o “suplementos” de ese centro mental-cerebral).
Esta idea ha sido cuestionada desde inicios del siglo XX dentro de lo que se conoce como el “giro somático”, una corriente de saberes, especialmente la fenomenológica (la idea de que el mundo, en tanto fenómeno, y la mente o la conciencia, están íntimamente e indisolublemente relacionadas), que devolvieron el cuerpo al centro de la discusión y cuestionaron la primacía de lo mental, dejando de lado la idea de que somos el “cerebro en una cubeta”.
El ser humano no es solo un cerebro, solo un “adentro”, somos también las sensaciones, las emociones, y nuestra misma acción en el mundo. Estamos “lanzados” en el mundo y, por lo tanto, la corporalidad misma nos define y nos abre el mundo, es el conocimiento mismo, no un simple intermediario. Esto significa que, en el caso de Bella Baxter, no estamos viendo a una niña dentro de una mujer, lo que hay es una mujer, reanimada, renacida, gracias a la implantación de un nuevo órgano, necesario e indispensable, pero solo parte de otro coro de órganos necesarios e indispensables.
Este nuevo cuerpo, por supuesto, debe volver a aprender a andar por el mundo, a recobrar sus capacidades perdidas, pero no porque sea un “niño”, (porque ser “niño” no se reduce a una mentalidad, también hay una corporalidad de niñez que debe existir y que aquí no está presente), sino porque es una mujer cuyo cerebro no tiene las capacidades que su cuerpo estaba acostumbrado a tener en su antigua vida, y la adaptación a las nuevas condiciones es difícil y hasta violenta. Es difícil ser un zombi. Es la misma razón por la que el monstruo de Frankenstein no comenzó a hablar y a caminar como un ser humano normal después de haber sido reconstruido a partir de un sinnúmero de partes de cadáveres. Balbuceaba, se arrastraba, erraba, y gemía o gruñía. Ahí no hay un niño, hay un ser nuevo, en condiciones aberrantes, grotescas y terroríficas. La diferencia es que, ahora con Lanthimos, esa idea del terror de la vivisección y de la reanimación de los cuerpos, pasa a ser en Poor Things, una idea positiva, optimista e inspiradora
El científico loco Godwin Baxter (cuyo apodo es “God”, con todas las implicaciones teológicas que eso involucra) es aquí una figura que a pesar de sus deformidades corporales, ve la intervención y la manipulación de su cuerpo y del mundo como un valor. Las cicatrices que conforman su cuerpo fueron hechas por su padre quien, según nos cuenta, también experimentó con él, a veces con resultados desastrosos y cómicos. Todos somos el experimento de laboratorio de nuestros padres.
Asimismo, aunque parece querer controlar y encerrar a Bella en su casa victoriana y en su laboratorio, termina dejando que ella se vaya, pues cree que ella misma debe aplicar esos valores: que un cuerpo nuevo, sin prejuicios morales o religiosos instalados previamente en ella, vaya y conozca el mundo y lo experimente parte a parte, órgano a órgano, y que no tema diseccionar cada fenómeno del mundo, y explorar sus lados positivos y negativos. Esta es una analogía más cercana a Alicia en el país de las maravillas que a Frankenstein. La única educación posible es la educación de la carne, y, en ese sentido, la sexualidad, la eroticidad pasa a ser una herramienta fundamental para Bella, quien —al ser ya una mujer y que, según sugiere la película, posee la memoria corporal de una sexualidad intensa que fue reprimida en su vida anterior—decide utilizar esa escala de placer como un termómetro inicial para decidir qué es bueno o malo. Posteriormente, se dará cuenta de que cada fenómeno en sí mismo contiene una escala de placer, desde la comida, hasta la lectura, y posteriormente llegarán las ideas, y los fenómenos más complejos, como los sistemas morales, los sistemas sociales, los sistemas económicos. Cada una de esas escalas chocará una contra otra, y presentará a Bella las dificultades propias de un cuerpo que se va “llenando”, rousseauniamente de experiencias, y que organizará en sus propias creencias.
Esta trayectoria es, sin duda lo más gracioso del filme, que sabe utilizar la famosa premisa, ya conocida en la historia del cine, del “pez fuera del agua” (su mejor ejemplo es Cocodrilo Dundee). Ver a Bella llevándose sorpresas y extrañándose ante las absurdas convenciones sociales de un mundo victoriano plagado de códigos y normas de comportamiento es exquisito para el público y desquiciante para los que la rodean, particularmente para Duncan Wedderburn (interpretado por Mark Ruffalo), su amante. Estas imágenes de Bella encontrando el sentido del mundo en pequeñas conversaciones con extraños, y dando sencillas e inocentes lecciones de vida a cualquier persona sin importar su posición o su poder, emula a Chauncey Gardiner, el entrañable jardinero de Being There (1979), adaptación de la novela Desde el jardín de Kozinski. Peter Sellers encarna ahí a un jardinero que se libera de su antigua casa y su antiguo “amo” y, cual si fuera el mismísimo Zaratustra, ilustra a cualquiera que se topa en la calle. Su viaje lo llevará al mismísimo círculo personal del presidente de EE.UU. gracias a sus explicaciones sobre el cuidado de las plantas. Estas frases sencillas pero mágicas, encantan a los políticos poderosos que ven en la ambigüedad y el minimalismo la fórmula perfecta para comunicarse con el pueblo.
Esta misma idea se volvió a utilizar en Forrest Gump, y en una meditación aún más sugerente, Lars Von Trier la aplicó a su Nymphomaniac (2013) y también podría pensarse que Pobres Criaturas es una especie de hija perdida de estas dos películas.
Por otro lado, se puede ver en esta película una continuidad con la literatura y el cine, sobre la temática del intento de “control” del ser humano sobre la naturaleza o la tecnología a través de la ciencia, y el peligro que se corre de perder el control de nuestras creaciones. Desde las leyendas del Golem o de Fausto, pasando por el Frankenstein ya señalado de Shelley, y llegando a la icónica Metropolis (1927), todas han compartido esta “advertencia”.
Más recientemente, esta idea se ha venido invirtiendo, no descartando del todo el elemento terrorífico e inquietante de los alcances polémicos y perversos de la ciencia, en filmes como Ex Machina (2014) o en La Piel Que Habito (2011), la creación de vida artificial o la modificación de los cuerpos termina abriendo el mundo a formas de ser inexploradas, y abre las puertas a sujetos nuevos, que van conociendo el mundo e incorporándose en él por vez primera. No se nos contraponen, sino que nos complementan. Desde Cronenberg esta idea ha quedado clara: todos somos biónicos, todos somos modificados, intervenidos, operados, ensamblados, cicatrizados y, sumados a todo eso, estamos estimulados, excitados, adictos en el régimen “farmacopornográfico” como señalaba Paul Preciado en Testo Yonqui.
Bella Baxter es en esta película la encarnación de la potentia gaudendi o la inclinación al placer y al deseo de los cuerpos y cómo la sociedad en que vivimos comenzó a diseñarse en función de la exploración máxima de ese deseo intransferible. El horror ya no es la operación, no es el creador loco, no es la ciencia desbordada, no es el exceso técnico. Ahora nos reímos de la explicitación de esos procesos, de esos cortes en nuestra ordenada y aparentemente “natural” existencia, lo que nos recuerda lo violentas y artificiales de nuestras ideas, razones, sistemas, códigos y valores. Nada más técnico y violento que una religión, que un gobierno, que una tradición o que una familia —de ahí que el nuevo estilo de películas de terror gire sobre las familias o las maternidades—, y Bella hace su disección en cada una de estas capas, poco a poco, con su fino bisturí deleitado por la música y el poder sexual de un chiste, así como horrorizada por los celos de los hombres y la explotación sexual y corporal a la que somete el sistema capitalista a las masas laborales.
Y, a pesar del crecimiento y porosidad y del avanzar constante de su conocimiento, Bella también aprende que el mundo no puede ser cambiado por completo y que la caducidad acompaña a todas las cosas y que sus deseos están limitados por la necesidad. La razón comienza a desarrollarse cuando nuestro placer no encuentra más espacio hacia donde expandirse, y debemos encontrar una justificación o idea que nos ayuda a aceptar eso, y este ideal o abstracción se convierte en una cirugía a nuestro espíritu.
Bella puede haber conocido los secretos de todo el universo, pero aun así su historia está marcada por un regreso a su hogar, por un reencuentro con su padre moribundo, por una consideración hacia el amor y el compromiso por primera vez en su vida, y, asimismo, debe detenerse para poder pensar en su pasado, en saber quién era ella en su vida anterior. Sin esa clave, nada de su avanzar en el caos de los fenómenos cotidianos tendría algún sentido. Avanzar sin saber quiénes somos y de dónde venimos es un ejercicio vital destinado al fracaso.
La tradición y el pasado son como los animales que vemos en el laboratorio de God, cabezas de patos en cuerpos de perros y otros cadáveres exquisitos, nadie decide en qué época llega, bajo qué familia nacemos, o en qué lugar debemos habitar. La vida desde este punto de vista anatómico es un “freak” que no tiene una razón lógica de ser, solo es absurda y cómica.
Lanthimos ya ha probado esta idea en sus filmes anteriores. En Dogtooth (2009), The Lobster, (2015), The Killing Of A Sacred Deer (2017) y The Favourite (2018) se nos representa un universo humano pero, al mismo tiempo, como si fuera visto por un alienígena (de ahí la presencia constante de escenas vistas bajo lentes angulares que nos distorsionan la realidad y nos exageran la ya arbitraria costumbre o tradición que vemos en pantalla). Cada filme está regido por alguna regla o código que estructura algún tipo de ejercicio del poder o la violencia, y que, asimismo, contiene alguna manera de trastocar o sabotear el sistema. Esa es la premisa general de Lanthimos: en dónde existe una ley también existe la posibilidad de su transgresión..
Finalmente, todas estas ideas solo dejan claro que Bella, así como todos nosotros, debe plantearse el final de todas las cosas, el final del carrusel de emociones y sensaciones, el final de las emociones y el envejecimiento y la caducidad de nuestros mismos órganos. Nuestra paulatina erosión es la primera lección que God, el científico, tiene clara: todo lo que hacemos, se deshace, todo lo que creamos se destruye precisamente porque la razón por la que las cosas emergen y se combinan debe tener en sí misma la clave de su destrucción. Bella también vislumbra que esta idea aplica a todas las cosas, las relaciones, los sistemas morales y políticos; todo se deshace o renace de los mismos restos trágicos que las generaciones anteriores. La diferencia que este filme plantea es que esos mismos restos trágicos pueden ser tomados (según la expresión “aufhebung” hegeliana, de literal “recoger” del suelo) y reinsertados en la nueva vida y convertirse en una ventaja vital. Todo es prótesis e injerto, nada es completamente nuevo y cada quién es el zombi o frankenstein de sus generaciones anteriores. La sexualidad y corporalidad reprimida bajo el patriarcado que llevó a la muerte a Victoria, es reinventada y reapropiada por Bella en algo positivo e iluminador. Cada cuerpo tiene una memoria física, formada, no solo de placeres, sino también de heridas y cicatrices que, si escuchamos con atención, puede hacer emerger ideas y mundos más habitables para todos.




